Tengo que pararme
en cada hoja marchita
en cada rama quebrada
en cada esquina.
No debo
pero miro al suelo,
me desvanezco
y no puedo seguir.
Mi corazón no late
desde que lo vi todo
desde que entendí
que tú eras para mí.
No puedo seguir
porque si sigo
y giro atrás
me rompo en dos.